Atentados, bajas entre la población civil, violaciones de los derechos humanos. Comenzar a deshacer los enrevesados nudos que existen desde Irak al Líbano exige cambios profundos, cambios que se retrasan por una doble razón.
De un lado, la demostrada imposibilidad de lo ocupantes de ir más allá del fúsil. Sus intervenciones no provocan avances en la zona a favor de la “construcción”de estados y gobiernos creíbles y fiables para su propia población y para la llamada comunidad internacional.
Del otro, las resistencias a ese unilateralismo y a sus efectos no han hallado aún la vía para forzar pasos que signifiquen cambios en la línea actual. Los cambios a los que me refiero son resumidamente y no forzosamente por este orden, los siguientes: retirada de Irak, avances de los palestinos en sus derechos como nación, una salida política real para el Líbano; diálogo ante Siria e Irán y paz en la región.
Esos cambios son la forma práctica que puede hoy tomar una política basada en la paz, en la justicia, en los derechos humanos y de los pueblos a su plena soberanía e integridad y que descanse forzosamente en el multilateralismo. Los mismos a día de hoy, son responsabilidad del conjunto de la llamada sociedad civil. Es decir, son tarea, en primer lugar, de los movimientos sociales de oriente próximo, pero también de los europeos y del resto del mundo.
El no la guerra, hoy
Hace poco más de 4 años, el 95% de la población española manifestó con rotundidad su apuesta por la paz contra la guerra del trío de las Azores. Las manifestaciones en la calle contra la guerra sirvieron, junto a otras importantes movilizaciones, para lograr la retirada de las tropas españolas de suelo iraquí.
Actualmente, ese “no a la guerra” retoma su sentido más positivo a través del Foro por una paz justa en Oriente próximo que se va a celebrar en los ayuntamientos del sur de Madrid la semana del 10 al 16 de diciembre con especial relevancia en Alcorcón los días 14, 15 y 16. En esas fechas, más de 150 activistas, representantes de sindicatos, de asociaciones de mujeres, de espacios de solidaridad, de ongs y de redes de cooperación van a darse cita alrededor de 3 paneles centrales y más de 30 talleres.
Ellos serán la voz de lo más activo de la sociedad civil del área y se unirán a lo más activo de Europa y del Estado español. Aunque el paraguas que impulsó esta idea es el espacio que se vertebra alrededor del Foro Social de Madrid, a día de hoy, esa percha, por suerte, ya está superada por el conjunto de actores y redes del Estado y de oriente próximo que han hecho suyo el esfuerzo por una paz justa.
¿Qué persigue el Foro?
Esencialmente, dar pasos para sacar la situación del pantano en el que se halla a partir de un impulso de la sociedad civil. El foro persigue a través de una doble vía, acumular fuerzas creando bases contra el intervencionismo militar unilateral. Por una parte, de la mano de una declaración final que demuestre el volumen de las fuerzas y espacios que, en el tejido asociativo de las distintas realidades de oriente próximo defienden un camino de paz marcado por el respeto a los derechos humanos, al derecho internacional, a la plena soberanía de las naciones. Por otra, a través de los talleres que las distintas redes y entidades celebrarán durante el foro. En resumen, podríamos decir que el foro desea avanzar, por un lado, en amplitud, abarcando el máximo posible de entidades que puedan defender las bases de una paz justa, y también en profundidad, ayudando a que este espacio de intercambio y acción común sirva para fortalecer los lazos y la unidad de acción de las diversas campañas y redes. Por esa vía, el matiz de cada uno refuerza en la práctica el camino general sin que nadie llegue a perder su especificidad.
No es posible hacerlo de otra manera y no “por falta de ganas o de voluntad”, sino porque aún están abiertos muchos interrogantes. Es la situación objetiva, no la voluntad de las entidades, la que impide hacerlo de otra forma. El futuro no sólo tiene una senda posible, sino varias. De lo que hablamos en este foro no es de que unas nieguen a otras, sino de cómo todas pueden seguir trabajando en paralelo y reforzándose a la vez que se refuerza un espacio fundamental común a todas. A saber, que la paz la construyen los pueblos y que éstos sólo pueden hacerlo a través de relaciones libres y justas.