Madrid, 19 de agosto de 2006
"Europa cómplice del terrorismo de
Estado israelí, apoyado por EEUU.
Caminando a paso ligero
(militar) hacia el “Choque de Civilizaciones ”.
Por
Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción.
Nota del Autor : Cuando se cierra
este texto, los informativos están resaltando que Israel ha llevado a cabo dos
acciones. Una incursión aérea en Líbano contra Hezbolá, cerca de la frontera de
Siria. Y un nuevo secuestro de un representante del gobierno de Hamás, su
vicepresidente. La situación es enormemente tensa y fluida, y la “paz” (armada)
pende de un hilo.
Nota de Paz Ahora: El texto nos lo envía el propio
autor a la web de Paz Ahora y da permiso por escrito para su reproducción.
El texto cerrará la edición en inglés del libro de Ramón Fernández Durán “La
compleja construcción de la ‘Europa’ superpotencia” (Virus, 2005), que publicará
próximamente Pluto Press junto con el Transnational Institute de Ámsterdam.
Agradezco los comentarios al texto de Chusa Lamarca.
Un país bombardea dos países (Palestina y
Líbano). La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas
tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán
llamando errores? Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de
un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el
secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados
israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?
La cacería de judíos fue durante siglos el deporte preferido de los europeos. En
Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa
¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando por crímenes que no
cometieron?
Eduardo Galeano, “¿Hasta cuándo?”
Cuando se escriben estas líneas, tras más de
un mes de bombardeos del ejército israelí sobre Gaza y Líbano, y recién aprobada
la resolución 1701 de NNUU de “alto el fuego”, se está produciendo un cambio
verdaderamente cualitativo en el escenario de Oriente Próximo: la implicación
militar de países de la Unión en la región, con apoyo de la UE. Eso sí, con el
aval de las ONU. Este hecho va a tener profundas repercusiones en el futuro de
Europa, y en el camino hacia las tinieblas, o hacia la locura colectiva, al que
nos quieren conducir las estructuras de poder occidental, y en especial EEUU (y
Gran Bretaña).
La dinámica
desquiciada de Israel (de mil ojos por ojo, y mil dientes por diente), apoyada
por sus socios occidentales, no hace sino potenciar aún más el Islam político,
en especial a sus sectores más fanáticos, y en definitiva el “Choque de
Civilizaciones”. Estamos a un paso del abismo, si es que no estamos entrando ya
en él. Analicemos brevemente estos hechos, y el porqué de esta aseveración.
La respuesta brutal,
inhumana e inmoral, absolutamente desproporcionada (por decirlo suavemente) de
Israel a dos agresiones, una de sectores de Hamás y otra, posteriormente, de
Hezbolá, ha provocado una gravísima crisis regional, de alcance mundial, con
consecuencias imprevisibles. Sobre todo la guerra contra el Líbano, pues la
agresión contra Gaza y Cisjordania, muy lamentablemente, es cosa casi de todos
los días, y parece que está ya más interiorizada por una adormecida “opinión
pública” mundial (por supuesto, no por el mundo árabe-musulmán).
La principal afectada por
toda esta locura es la población civil, en especial palestina y libanesa, pero
también israelí. La acción incontrolada del Ejército de Israel (que marca el
paso al gobierno Olmert) se vio no sólo apoyada, sino jaleada, por EEUU desde el
principio (¿estaba previamente planificado algo así?). Era una ocasión perfecta
(eso les parecía a Washington y a Tel Aviv) para acabar con Hezbolá, en Líbano,
y de paso lanzar un mensaje fuerte a Siria, y en concreto a Irán.
Todo esto se inicia poco
antes de la cumbre del G-8, bajo la presidencia de Rusia. En dicha cumbre EEUU,
a pesar del apoyo de Gran Bretaña, se queda solo, y los ocho dirigentes
mundiales suscriben un comunicado en el que finalmente piden el cese de las
“hostilidades”, tanto de Israel como de Hezbolá. EEUU ya no controla el G-8, y
Occidente pierde peso en él ante el auge de Rusia, y la presión externa de China
e India (invitados como observadores a la cumbre). Eso sí, EEUU logró eliminar
el calificativo “desproporcionada” con el que se calificaba la respuesta de
Israel en el borrador de declaración ruso. Francia, la antigua potencia colonial
en Líbano y con fuertes intereses en la zona, estaba a favor de incluirlo. Y
Gran Bretaña lanza en ese foro la idea de una fuerza de interposición, que
garantizase la “paz” futura. Fuera de la cumbre, hasta se llega a hablar de la
OTAN como posible fuerza de “paz” (la opción de EEUU y Gran Bretaña, con el
apoyo de Israel). Una fuerza de “paz” robusta, según Condoleeza Rice (es decir,
que pudiera desarmar y desarticular a Hezbolá).
Posteriormente, tanto EEUU
como Gran Bretaña descartaron participar (directamente) en esa fuerza de “paz”,
y la OTAN quedó desechada por la oposición sobre todo de Francia, pero también
de otros socios europeos; pues la OTAN se percibe en el mundo árabe-musulmán
como el brazo armado de Occidente, y en concreto como la prolongación del poder
militar de EEUU, aparte de la oposición y desconfianza que suscita también en
Rusia, China e India.
Pero el Consejo de
Seguridad de NNUU ha tardado casi un mes en llegar a un acuerdo de resolución de
“alto el fuego”, que aceptasen en principio todos los implicados (que son
muchos, no sólo los directamente afectados). La responsabilidad principal del
retraso ha sido una vez más de EEUU, pues hasta la UE (los veinticinco) se
pronunció “rápidamente” por la necesidad de un “alto el fuego”, a pesar del
bloqueo que caracteriza su posición respecto de la actitud agresiva cotidiana de
Israel, y a pesar de no disponer todavía de un mecanismo fluido para tomar
decisiones en política exterior (le falta la Constitución). Y eso hace que NNUU
haya quedado absolutamente ninguneada, como denunció Kofi Annan; y no sólo eso,
ha quedado también masacrada, pues el ejército israelí bombardeó consciente e
impunemente a los “cascos azules”, como asimismo denunció su secretario general.
La ONU no ha podido hacer
frente a sus responsabilidades (teóricas) de mantener la paz global y el orden
internacional. Es más, se ha llegado a instalar la posibilidad de escenarios de
Guerra Total, cuya renuncia ha dejado de ser ya un principio jurídico y moral.
La población civil, y las ciudades e infraestructuras, han pasado a ser el
principal objetivo de la guerra. El marco jurídico-político internacional de la
posguerra mundial está saltando por los aires.
Parece que todo es válido ya en el nuevo marco post-11-S, en
el nuevo mundo de la “guerra permanente contra el terror”, y de la
“globalización armada”. El EEUU de Bush ha dejado hacer a Israel como ninguna
presidencia previa lo había hecho. Como se ha llegado a afirmar, esto no lo
hubiera permitido ni Bush padre, artífice de la Conferencia de Madrid y de los
acuerdos de Oslo, de Paz por Territorios, ni Clinton, que presionaba
denodadamente por la negociación (trucada) de Israel con Arafat. Se está
produciendo una confluencia cada día mayor entre el sector “neocon” y el
fundamentalista evangélico (este último hasta hace poco antisemita encarnizado)
con el poderoso lobby proisraelí y sionista de EEUU. Alianza previamente
inexistente , que se está convirtiendo en un verdadero “poder absoluto”, como ha
sido denunciado por los profesores Mearsheimer y Walt (Birnbaum, 2006). ¿Para
defender quizás la hegemonía estadounidense en el mundo, el control del grifo
estratégico global del petróleo (en Oriente Medio y Asia Central) y el dólar
manu militari? Israel es la cabeza de puente perfecta para esos propósitos en la
región. De hecho, unos días antes de esta “crisis” se inauguraba el mayor
oleoducto del mundo Baku-Tiblisi-Ceyhan (en Turquía), que permite transportar
petróleo del Caspio a Occidente, a través del Mediterráneo, sin pasar por la
Federación Rusa, y que atraviesa sólo países en la órbita occidental. En él
participan empresas como BP, Chevron, Total-Fina-Elf y Eni (de nacionalidad
británica, estadounidense, franco-belga e italiana, respectivamente). Israel
recibirá también petróleo de este oleoducto, y a través suyo se quiere exportar,
desde el Mar Rojo, al Lejano Oriente (Japón, Corea del Sur, etc)(es decir,
garantizar el acceso al crudo de los “amigos”, llegado el caso). ¿Quizás el
control del Líbano sea una pieza importante asimismo para garantizar la
seguridad de estos flujos de petróleo? (Chossudovsky, 2006).
De cualquier forma, EEUU se ha visto obligado también a
recular, y a aceptar un acuerdo en el marco de NNUU, mucho antes de lo que
hubiese deseado, obligando a Israel a dejar su “misión” inacabada. Las presiones
internas (disensiones en el partido republicano y en el propio ejército de EEUU
) y sobre todo internacionales han sido fortísimas (incluidas las de la Liga
Árabe, azuzada por las propias teocracias y regímenes autoritarios
prooccidentales existentes en su seno, que temen el estallido de sus
poblaciones), aparte de las movilizaciones ciudadanas de rechazo en todo el
mundo, a pesar del mundial de fútbol y del verano. Se puede decir que ha habido
un clamor general contra la guerra. Y no han sido sólo las discrepancias
políticas las que han obligado a echar el freno, sino que la situación fuera de
control estaba afectando seriamente a la economía internacional (precio del
petróleo, caída de las bolsas, etc). A los sacrosantos mercados. Además, se está
empezando a fraguar una amalgama cada vez más sólida entre la “crisis
árabe-israelí” y la “crisis del Golfo”, incluida la candente cuestión nuclear de
Irán, lo cual es un desafío de enorme trascendencia, pues si no se desactivan de
alguna forma estos conflictos, no se podrán evitar enfrentamientos militares
futuros que afectarían a toda la región y al mundo entero, y por supuesto a
Occidente, y sobre todo al propio EEUU (aunque éste pueda creer lo contrario).
Además, EEUU ha dejado caer a Líbano en esta crisis , la última “democracia” en
pie del mundo árabe (si excluimos por supuesto la farsa de Irak), sobre todo
después de que se está torpeando a todos los niveles al gobierno democrático de
Hamás, en Palestina. No sólo literalmente por parte Israel, sino económica y
políticamente por EEUU y la propia UE, haciendo inviable su funcionamiento.
Todo lo cual está generando un arco chiíta desde Irán al
Líbano, pasando por Irak, y una interconexión además entre Hezbolá (chií) y
Hamás (suní), que está suscitando el pánico en las prooccidentales teocracias y
regímenes autoritarios laicos suníes. Hezbolá, que surgió como consecuencia de
la invasión israelí del Líbano en 1982, ha salido claramente reforzado de esta
última guerra israelí-árabe, al haberle podido plantar cara durante más de un
mes a un enemigo enormemente superior, y además apoyado sin condiciones por EEUU.
Los regímenes árabes no sobrevivieron seis días en 1967 al ataque de Israel. Por
otro lado, Líbano no se ha dividido a causa de Hezbolá, es más, ha reaccionado
en gran medida en bloque contra el ataque y la ocupación de Israel, sobre todo
la población civil, y en especial las mujeres. Las grandes olvidadas y afectadas
de todas las guerras (aparte de los niños y los ancianos). Y el millón de
refugiados (un cuarto de su población) ha vuelto a sus ciudades en ruina
esbozando sonrientes la V de la victoria, y enarbolando la imagen del líder de
Hezbolá, Nasralá, a pesar de los más de mil muertos que ha tenido el Líbano, la
mayoría civiles.
La estatura de Hezbolá en
todo el mundo árabe-musulmán, tanto chií como suní, ha adquirido ya carácter de
leyenda.
Se puede pues afirmar que EEUU e Israel han sido los grandes derrotados de esta
guerra tremenda y absurda (como todas, pero en este caso mucho más). El poder de
Tel Aviv es la primera vez en sus casi sesenta años de existencia que tiene que
enfrentar una derrota; además, ni siquiera ha logrado conseguir la liberación de
los tres soldados secuestrados, a pesar de toda la destrucción y el dolor
causados, ajeno y propio, debiendo contabilizar más de ciento cincuenta muertos,
la mayoría militares, luchando en tierra contra Hezbolá. Por otro lado, la
influencia e imagen de Siria y sobre todo Irán en la zona han salido reforzadas,
lo contrario de lo que se pretendía. Y han logrado convertir a Hezbolá, y a
Nasralá, en verdaderos iconos del mundo árabe-musulmán. Un desastre total.
Israel, y EEUU, son una muestra palpable de la tremenda debilidad del fuerte
(chulo y despótico). Su soledad mundial es patética. El rechazo planetario que
suscita su actuación es palmario. Su imagen internacional ha salido aún más
hecha trizas. Y la victoria política ha caído, pues, claramente del lado de
Hezbolá, y de la resistencia árabe en general. Y el odio y el sentimiento
antioccidental están creciendo como la espuma en todo el mundo árabe-musulmán.
Eso va a provocar, sin duda alguna, un ascenso aún mayor del Islam político en
toda la región (su auge en las consultas electorales habidas –muchas de ellas
controladas- así lo demuestra), y en especial de sus sectores más radicales. Lo
cual va a ocasionar que la “democratización” de este espacio del mundo deje de
ser una prioridad para Washington, si es que alguna vez lo fue. Los regímenes
prooccidentales pueden venirse abajo, ante el ecumenismo en ciernes chií y suní
contra el enemigo sionista, y contra su mentor el Gran Satán estadounidense (y
su mamporrero británico). La situación en Irak puede deteriorarse aún mucho más
(si es que ello es posible), auspiciada por la resistencia suní, y por esa
carnicería y caos diarios provocados por una guerra civil interconfesional en
marcha, vinculada también con la ocupación. Ali Sistani, el líder moderado de la
comunidad mayoritaria chií en Irak, ha criticado abiertamente la posición de
EEUU en Líbano. Y el levantamiento de los chiíes iraquíes puede suponer la peor
pesadilla para EEUU (y Gran Bretaña), y para la gobernabilidad de una ocupación
hace tiempo ya inviable. Y por si todo esto fuera poco el odio alcanzará (lo
está haciendo ya) a las poblaciones arabo-musulmanas que habitan en las
metrópolis de Occidente (principalmente en Europa), en especial a sus cachorros.
Las últimas encuestas muestran un claro sentimiento de no
pertenencia al Reino Unido de los jóvenes musulmanes británicos, aún más que sus
congéneres en Francia, que manifiestan abiertamente que la “guerra global contra
el terror” no es sino una “guerra global contra el Islam”, y culpabilizan
directamente a Blair como uno de sus máximos responsables. El modelo de
integración multicultural británico está implosionando, incitado por el “Choque
de Civilizaciones” que impulsa Occidente, en especial EEUU y Gran Bretaña, y muy
en concreto Israel, el ángel exterminador, y que se ve incentivado también, cómo
no, por los sectores más fanáticos del Islam político. El reciente episodio
promovido por el gobierno británico en sus aeropuertos ante una pretendida
amenaza terrorista islámica, con medidas desproporcionadas de control que han
provocado un caos generalizado de repercusión mundial, justo cuando se negociaba
la resolución 1701 en NNUU, parece un más que probable montaje policial para
inculcar el miedo masivamente en la población autóctona, y poder proyectar
internacionalmente lo malos que son los terroristas islámicos, y entre ellos (se
deduce) Hezbolá. Estas medidas fueron inmediatamente saludadas desde el otro
lado del Atlántico por Bush (el eje funcionó al unísono), que necesitaba como
agua de mayo apoyo a sus posturas en el seno del Consejo de Seguridad (¿están
pensando los dos también en la futura gestión del conflicto con Irán?).
Blair y Bush se saben
perdedores en la batalla por la imagen internacional (y doméstica), e intentan
como sea recuperarla, en base al miedo. Pero los representantes de las
comunidades musulmanas de Gran Bretaña han denunciado públicamente el acoso y la
criminalización generalizada de la que vienen siendo objeto, y cómo se utilizan
también las medidas y prácticas “antiterroristas” (que suspenden todo tipo de
derechos y garantías) con fines de política interna, para recabar el apoyo de la
población de “centro” a un gobierno cada día más antipopular y contestado. La
rebelión de las distintas comunidades étnicas foráneas en Occidente no ha hecho
sino comenzar, sobre todo si se utilizan métodos como los impulsados en relación
con las comunidades arabo-musulmanas, con fuerte sentimiento propio de
identidad. Por cierto, al calor de estos acontecimientos, la UE quiere imponer
un endurecimiento de los controles aeroportuarios, y de los datos personales,
como funcionan ya en Gran Bretaña y EEUU, en donde el perfil étnico se vuelve
determinante.
LA RESOLUCIÖN 1701.
Pero volvamos a analizar sintéticamente el escenario que
promueve la resolución de “alto el fuego” 1701, y cuál va a ser el complejísimo
papel que le depara a Europa, y que ejecutarán militarmente determinados Estados
de la Unión, bajo el mandato de NNUU, en territorio libanés. Por cierto, ¿por
qué no desplegar la fuerza de interposición también en territorio israelí? La
resolución en cuestión es enormemente desequilibrada en beneficio de Israel,
aunque conmina a éste a abandonar Líbano. Pero eso sí, sin establecer una fecha
precisa, es decir, cuando se haya desplegado el ejército libanés y la fuerza
multinacional de apoyo, y se den las condiciones para la retirada israelí. El
gobierno de Tel Aviv ya ha hablado de meses para retirarse totalmente. Al
contrario que la reciente resolución de NNUU sobre Irán que sí establece una
fecha concreta, el 31 de agosto, para que se pliegue a las exigencias
fundamentalmente de Occidente.
Además, no se especifica
nada en cuanto a las posibles incursiones aéreas de Israel en territorio
libanés. Israel ya ha afirmado que los jefes de Hezbolá están en su punto de
mira, y que irá a por ellos allí donde se encuentren. Por otro lado, la
resolución 1701 establece un embargo de armas al Líbano, para que éstas no
lleguen a Hezbolá, pero por supuesto no hace lo propio con Israel, armado hasta
las cejas con tecnología de última generación por EEUU, y que además posee más
de doscientas armas nucleares. Asimismo, condena las “ofensivas militares”
israelíes, pero ello permite deducir la posibilidad de llevar a cabo “acciones
defensivas”, si Israel se sintiese atacado o amenazado. Por último, la
resolución es deliberadamente ambigua en relación con el papel de la fuerza
multinacional de “cascos azules”. No está claro si ésta tiene capacidad para
desarmar a Hezbolá, aunque ése sea el deseo de algunas potencias occidentales, y
por supuesto de Israel, ya que sólo se contempla que dicha fuerza apoye al
ejército libanés en esa labor potencial, que deberá decidir el ejecutivo del
país de los cedros, en el que participa Hezbolá. La ambigüedad del mandato, y
las enormes dificultades de la misión, está dificultando el reclutamiento y el
despliegue de las fuerzas necesarias. Lo que a su vez está poniendo en cuestión
toda la operación, pues las fuerzas internacionales de “cascos azules” actuarán
como puente entre el abandono israelí y el despliegue del ejército libanés.
Por otro parte, con la
anuencia de EEUU y Europa, en la resolución no se menciona para nada la
situación desesperada de Gaza y Cisjordania, en donde Israel, después de
destruir las infraestructuras civiles (por cierto, pagadas con dinero de la UE),
masacrar diariamente a su población, y construir un muro de separación que
implica nuevas anexiones de territorios y recursos palestinos, mantiene
prisioneros a ocho ministros del gobierno democráticamente elegido de Hamas, al
presidente del Parlamento de la Autoridad Nacional Palestina, y a más de dos
decenas de sus diputados. Y este es el nudo gordiano del conflicto
árabe-israelí. El cumplimiento de la ya antiquísima resolución 242, de
devolución de los territorios ocupados por Israel en 1967 (Gaza, Cisjordania,
Jerusalén Este y los Altos del Golán) sigue brillando por su ausencia. Es decir,
en ningún sitio del planeta quedan más meridianamente clara la existencia de dos
pesos y dos medidas, en cuanto al derecho internacional. De cualquier forma, lo
que queda nítido en la resolución 1701 es que habrá una nueva conferencia
internacional para financiar la reconstrucción, para regocijo de bancos y
empresas occidentales, que volverá a endeudar al Líbano.
En definitiva, es en este complejo panorama que va a tener
que operar la fuerza multinacional, que va a estar comandada, no lo olvidemos,
por Francia, y en la que van a participar (por lo que se sabe hasta el momento)
Italia, España, Grecia, países nórdicos y algunos países del Este de la Unión
(todavía por concretar, según Solana), así como fuerzas militares de países
islámicos como Turquía, Indonesia y Malasia, aparte de las de otros países del
mundo. Israel ya ha dicho que no aceptará tropas de Indonesia y Malasia. Primer
problema.
De cualquier forma, la
fuerza multinacional va a estar estructurada fundamentalmente en torno a los
ejércitos europeos (un deseo explícito de Israel, que hubiese preferido que
éstos no operaran condicionados bajo el paraguas de la ONU, y junto con otras
fuerzas de países islámicos que pudieran, llegado el caso, dividirlas y
“debilitarlas”). Pero esto plantea una serie de graves problemas, sobre todo
porque los que tienen la llave fundamental para solucionar los conflictos de la
zona, EEUU, y en menor medida Gran Bretaña, no están presentes en la fuerza
multinacional, y con su actuación y decisiones condicionan todo el marco en que
ésta operará. Así pues, unos se implican militarmente y otros son los que
definen las reglas de un juego, en el que Israel actúa también por libre. Los
ejércitos de la Unión, y en definitiva Europa, aparecerá como aliada de Israel
si tiene que imponer el desarme, lo cual regocijará a los islamistas radicales
de todo el mundo, y puede verse implicada militarmente en un conflicto de
duración y consecuencias imprevisibles. No es de descartar, llegado el momento,
una guerra abierta entre la milicia armada chií y los ejércitos europeos. Las
fuerzas internacionales (de EEUU y Francia) tuvieron que abandonar Líbano en
1983 después de graves atentados suicidas (¡los primeros!). Pero también
podremos ver, probablemente, soldados del “Tercer Mundo” muriendo en guerras
promovidas por Occidente, y bajo el mando de tropas europeas, como en el siglo
XIX. Oriente Próximo es un terreno minado, nunca mejor dicho, y Europa puede
arruinar definitivamente (ya lo ha hecho en gran medida) sus relaciones con el
mundo árabe y musulmán. Aunque por ahora, mantiene un cierto contacto con
Hezbolá, pues la UE, al contrario que EEUU, no ha incluido a esta organización
en el listado de grupos terroristas internacionales, y hasta con Siria e Irán,
al contrario también que la hiperpotencia.
Pero la asimetría de la resolución 1701 respecto de Israel,
la no exigencia de contrapartidas a Tel Aviv respecto a Palestina (cumplimiento
de la resolución 242 y posteriores), y el hecho de que la propia actuación de
Israel, o de EEUU y Gran Bretaña, puedan empeorar aún más la situación en toda
la región, va a hacer que Europa lo quiera o no lo quiera, vaya a aparecer como
cómplice de toda esta sinrazón (lo está siendo ya en gran medida). La causa de
ello es que la Unión es incapaz de distanciarse mínima y claramente de la
política de EEUU (y Gran Bretaña) en la región, por sus intereses económicos,
sus tensiones y divisiones internas, y sus distintos vínculos con Washington,
así como por su debilidad institucional, y es absolutamente contraria a utilizar
los poderosos instrumentos comerciales de los que dispone, y que utiliza en
numerosas ocasiones en otras partes del mundo, para hacer entrar en razón a un
Israel que viola los derechos humanos fundamentales sistemáticamente. Además,
los países europeos se encuentran ya al límite de sus capacidades militares
permanentes y, con toda seguridad, se van a producir problemas con la cadena de
mando en una misión tan ambigua y tan compleja, y con tropas de tan distintos
lugares del mundo (sobre todo, probablemente, con aquellas del mundo islámico).
Y hasta se pueden producir fuertes tensiones entre las cadenas de mando de las
distintas fuerzas de los ejércitos de la Unión ante situaciones de crisis, al no
haber un mando europeo unificado. Las distintas tropas europeas responden ante
sus Estados, y están condicionadas, se quiera o no se quiera, por el sentimiento
también de sus “opiniones públicas”.
Todo ello podría tener una fuerte repercusión en la propia
integridad del proyecto europeo, si es que la dinámica de crisis deriva en una
situación de guerra generalizada en Oriente Próximo y Medio. No olvidemos que el
31 de agosto acaba el plazo dado por el Consejo de Seguridad para que Irán
cumpla con unas exigencias, que Teherán ya ha dicho que no va a acatar. Se habla
de imponerle medidas de embargo económico y comercial, pero EEUU ha llegado
también a amenazar a Irán con una posible respuesta “contundente” (hasta se ha
llegado a mencionar la eventualidad de un ataque nuclear), lo que tendría
repercusiones regionales y globales. Irán, a su vez, ha retado a Occidente con
el posible cierre del Estrecho de Ormuz, por donde discurre una parte muy
importante del petróleo que consume el mundo. Lo cual generaría una crisis
planetaria. En ese caso extremo (pero no irreal), se podría entrar en un
escenario de guerra ampliada a gran parte de la región, al que tendrían que
hacer frente las tropas desplegadas, lo que cambiaría absoluta y bruscamente el
mandato del Consejo de Seguridad. En este supuesto, al carecer la UE de
instrumentos propios para ejercer el mando unificado de dichas tropas (falta la
Constitución), habría que recurrir probablemente a hacer uso de los acuerdos
“Berlín Plus” (OTAN-UE), con lo que la operación pasaría a ser dirigida desde el
Cuartel General de la Alianza Atlántica, y Europa perdería cualquier tipo de
autonomía propia, si es que la quisiera tener, convirtiéndose en un rehén aún
mayor de la política militar de EEUU. Esta situación dinamitaría también, por
supuesto, la propia fuerza multinacional bajo el mandato de la NNUU. Por
supuesto, son sólo hipótesis sobre futuros posibles, pero dignos de ser tenidos
en cuenta.
De lo comentado hasta ahora, se podría llegar a pensar que si
Europa tuviese una Constitución, ésta le permitiría actuar con mayor equidad en
este escenario tan conflictivo. Pensamos que para nada es así. Como hemos
reflejado a lo largo del libro, caminamos hacia un nuevo capitalismo multipolar,
crecientemente militarizado, y con rivalidades intercapitalistas en ascenso ,
que en absoluto va a ser más seguro que un mundo unipolar. Y la UE es uno de los
polos económicos principales globales, que intenta construirse como
superpotencia mundial, a fin de reforzar su poderío y permitir una mayor
expansión y defensa a escala global de los intereses del capital (continental)
europeo. El nuevo capitalismo global genera un mundo de crecientes desigualdades
e injusticias a todos los niveles, que hace que el planeta y la humanidad entera
sean y se sientan cada día más inseguros. Los países de la Unión han tenido
durante décadas la posibilidad de intervenir en Oriente Próximo para desactivar
los conflictos en ascenso, y no lo han hecho, pues tan sólo han adoptado medidas
como mucho cosméticas. Y no lo van a hacer porque tengan una Constitución, de
fuerte contenido militarista y securitario, que les permitiera un mayor poder y
proyección mundial.
Además, Europa también quiere participar en el acceso y
control de las reservas estratégicas de crudo y gas de Oriente Medio y Asia
Central, de ahí tal vez su seguidismo respecto de EEUU y Gran Bretaña, ante la
incapacidad (por ahora) de desarrollar una potente estructura militar propia. Es
preciso recordar que Francia junto con EEUU han sido los principales impulsores
de la resolución 1701, con el apoyo de Gran Bretaña. Los tres, miembros
permanentes del Consejo de Seguridad, y con capacidad de veto. Es más el
borrador de resolución fue “dulcificado” por la negativa de Líbano a suscribirlo
en los términos que estaba, y por la presión de la Liga Árabe. En la resolución
para nada se critica la actuación de Israel, no hay ninguna condena a pesar de
los “crímenes contra la humanidad” que ha cometido, y está cometiendo, y que
quedarán impunes. Es más, dichos miembros de la Unión han reconocido el derecho
de Israel a defenderse. Y esta postura la ha apoyado también la “Europa
defensora de los derechos humanos”. Por otro lado, en la resolución para nada se
habla de reparaciones de guerra al Líbano, y por supuesto, como ya hemos
apuntado, a la Autoridad Nacional Palestina, a pesar de que entre la amplia
destrucción ocasionada, hay infraestructuras ejecutadas con dinero comunitario.
Lo que sí es verdad es que la Unión ha promovido activamente un acuerdo de “alto
el fuego”, pues sus miembros pueden ser los principales perjudicados en
Occidente por la desestabilización de la región, porque también piensan que hay
que darle una oportunidad a la diplomacia, eso sí con la amenaza de la fuerza, y
porque sus “opiniones públicas” son fuertemente contrarias a esta guerra, pero
en cualquier caso van a aportar tropas que seguramente se comportarán como
fuerzas de ocupación (lo que son). En los últimos días se ha mencionado que la
UE promovería (Solana dixit) una segunda conferencia de Madrid para buscar una
salida negociada a los conflictos de la zona, pero no parece que Israel, ni EEUU,
ni probablemente la propia Gran Bretaña estén por la labor, con lo que si se
llegase a celebrar, cosa muy dudosa, estaría condenada al fracaso. Y la UE,
además, no tiene capacidad para imponerla.
De cualquier forma, la aventura imperial de EEUU puede quizás
acabar abruptamente, más bien pronto que tarde, a pesar de todo su poderío
militar. Una serie de elementos ya señalados en este libro así lo sugieren
(desequilibrios económicos y financieros crecientemente inmanejables, crisis en
marcha del dólar como moneda mundial, erosión en ascenso de la hegemonía
estadounidense, etc). La voluntad irrestricta de dominar el mundo, y en concreto
Oriente Próximo y Medio, le puede estallar en las manos. Ya le ha estallado ese
invento de construir un Gran Oriente Próximo y Medio “democrático”, y ahora
queda la cruda realidad, su voluntad de dominar esta región manu militari. Pero
lo único que EEUU ha conseguido es que la situación en la región sea cada día
más insegura, más inestable, y más radicalizadamente antioccidental. Ahora bien,
el desmoronamiento imperial estadounidense, cuando se dé, se convertirá en un
tremendo problema para Israel. Estaría en peligro su propia existencia. Israel
no puede sobrevivir sin el apoyo económico, político y militar diario de EEUU.
La dinámica militarista de Occidente en esta zona tan caliente del mundo, puede
ser verdadero boomerang para EEUU, Israel y hasta para la propia Europa, que se
puede ver arrastrada e involucrada en toda esta vorágine. Y todo va apuntando a
que el boomerang le impactará también a ella.
Así pues, esta “crisis”, por grave que nos pueda parecer,
puede ser sólo un anticipo de escenarios aún mucho más siniestros, si las
dinámicas en curso continúan su devenir enloquecido. Los incendios hay que
apagarlos al principio, antes de que puedan producir desastres inimaginables,
especialmente en zonas muy inflamables. El fuego no se apaga con más fuego, al
contrario se aviva. No puede haber una paz real y duradera sin abordar el
reconocimiento, por los países y los pueblos enfrentados, de todos los errores y
brutalidades del pasado, al tiempo que se entiende y se acepta al “otro”. Pasos
previos para la resolución pacífica (aunque dolorosa y compleja) de los
conflictos. Y Europa tiene un tremendo poso de culpa histórica que también habrá
que sacar a la luz, algún día. Después de siglos de persecución, marginación,
pero también utilización de los judíos, el nacionalismo europeo del siglo XIX
generó el sionismo, al no aceptarse a los judíos dentro de los Estados nación
europeos.
Y, a principios del siglo
XX, desde Gran Bretaña se propició (a través de la declaración Balfour) que los
judíos pudieran disponer de una nueva patria, y se les prometió Palestina: “Una
tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra” (se decía falsamente). Esa promesa
se convirtió en realidad después de la segunda guerra mundial, a través de la
partición de Palestina, bendecida por la ONU en 1947, que dio paso al Estado de
Israel en 1948 (y a la primera guerra árabe-israelí). Dicha resolución fue
promovida principalmente por EEUU, una vez que desaparece el dominio colonial
británico en la zona, utilizando también el remordimiento europeo (y mundial)
ocasionado por el Holocausto, generando un conflicto histórico, que ha ido en
ascenso, con amplias repercusiones en todo el mundo árabe-musulmán. Y de esos
polvos vienen estos lodos. Más tarde, y tras varias guerras árabe-israelíes (la
última ha sido la sexta), y especialmente tras la guerra de expansión de 1967,
se ha creado una situación cada día más injusta y brutal, que amenaza con
desestabilizar no sólo la región, sino el mundo entero, pues no hace sino echar
cada día más leña al fuego del “Choque de Civilizaciones”. La ocupación de Gaza
y Cisjordania es un cáncer que corroe Oriente Próximo, y el conjunto del mundo
musulmán desde hace décadas. Es hora ya de que entre todos paremos esta dinámica
demencial. No lo harán los Estados, ni los ejércitos, tendrán que ser las
sociedades civiles (organizadas) de los distintos bandos las que se impliquen y
presionen a todos los sectores armados, para frenar la caída en el abismo, y
poder caminar poco a poco hacia otros mundos posibles, justos y sin opresión, y
en equilibrio con el entorno, que permitan un paulatino desarme generalizado. La
única garantía para una convivencia y paz duradera. Ese es uno de los retos
principales de cara al futuro mundial, y de Europa en particular, como ya se ha
apuntado en este libro.
Ramón Fernández Durán,
miembro de Ecologistas en Acción.
NOTAS:
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1 Hasta hace poco los apoyos principales a Israel se vehiculaban en EEUU a
través del Partido Demócrata.
2 Denunciando como se estaba viniendo abajo la imagen de EEUU en el mundo
árabe-musulmán, y las consecuencias estratégicas que se podrían derivar de ello,
aparte de su posible repercusión en Europa.
3 Después de presionar, junto con Francia, para que salieran las tropas sirias
que lo “protegían” de Israel.
4 Pues se requiere un importante número de efectivos, y los países de la Unión
ya participan en otras operaciones bajo el paraguas de la OTAN o bajo cobertura
europea (Afganistán, Bosnia, Kosovo, Congo), aparte de otros despliegues
conjuntos (en el Mediterráneo) o propios.
5 El reciente fracaso de la Ronda de Doha así lo atestigua, con cruces de
acusaciones mutuas de EEUU y UE por la ruina de las negociaciones. Los distintos
bloques se aprestan para defender sus intereses y mercados como sea, seguramente
a través de acuerdos bilaterales regionales, acompañados de acuerdos
geoestratégicos y securitarios, y si es preciso, llegado el caso, manu militari.
Bibliografía:
BIRNBAUM, Norman: “¿Es bueno Israel para los judíos?”. En EL PAÍS, 14-8-06.
CHOSSUDOVSKY, Michel: “The War on Lebanon and the Battle for Oil”. July, 2006.
www.globalresearch.ca